‘Historias del calcio’, de Enric González

Magnífico retrato de Italia con el fútbol como excusa

Historias del calcio, de Enric González
Autor | Enric González [Wikipedia]
Editorial | RBA [Web]
Año | 2007
Páginas | 260
Precio | Fnac (18 €) | Casa del Libro (18 €)

Cuando contaba 44 años, sólo tres antes de su muerte, Albert Camus evocó para la revista France Football su infancia en Argelia como portero de un modesto equipo de fútbol: “Después de muchos años en los que el mundo me ha permitido variadas experiencias, lo que más sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de los hombres se lo debo al fútbol”. No sospechaba Camus, portero del RUA y Premio Nobel de Literatura (podría decirse que por este orden), que su peculiar confesión iba a convertirse en una de las citas más sobadas por quienes tratan de filosofar sobre el balompié. No es un deporte que ande sobrado de literatos.

De los hombres, en efecto, puede saberse mucho gracias al fútbol. Camus lo avanzó en 1957 y, medio siglo más tarde, lo constata Enric González, corresponsal de El País en Londres, París, Nueva York, Washington y Roma y, por encima de todo, sufrido seguidor del Espanyol y del Inter de Milán. Desde su corresponsalía romana, durante cuatro años, Enric González se ha asomado cada lunes a las páginas de deportes para acercar a los lectores del periódico al fútbol italiano y, con semejante excusa, a Italia entera: su cultura, su geografía, su historia, sus tradiciones… De ahí que el subtítulo de su serie Historias del calcio, 78 artículos recopilados en un volumen editado por RBA, no sea otro sino “Una crónica de Italia a través del fútbol”.

Según confiesa el autor, todos los artículos fueron escritos un domingo a las cinco de la tarde, cuando acaban en Italia casi todos los partidos de Liga. Un gol, un resultado, un gesto… A Enric González le basta con tirar de un hilo para descubrir relatos fascinantes:del del barrendero fallecido que contagiaba su ánimo a todo un estadio; el del delantero que renuncia a mil millones de liras por jugar en su equipo de la infancia; el del presidente que de joven mató con su coche a la estrella del equipo… Son sólo tres ejemplos, pero hay 78. Casi todos memorables.

Poseedor de una amplia cultura, también futbolística, Enric González exprime con gran habilidad narrativa una materia prima impagable. La realidad italiana, tan rica en excesos, adquiere en sus manos forma de fábula, de denuncia o de suceso, según corresponda. Historias del calcio no es un libro sobre fútbol, que también. Tampoco es un libro sobre el norte y el sur, la violencia ultra o la corrupción de los directivos. Es una obra sobre la lealtad, la traición, el ingenio, la injusticia, la impunidad, la sinrazón, la desgracia, el azar o la nostalgia. Es el retrato de un país apasionante, extremo y delirante. El lector que se atreva a parafrasear a Camus podrá decir algo así como: “Lo que más sé, a la larga, acerca de Italia, se lo debo a Historias del calcio”. No hay mayor elogio para un corresponsal.

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3 Comments

  1. Fran Guillén

    Semejante libro no se podía quedar sin comentarios. Ni recuerdo las veces que lo habré releído (en orden natural o a saltos). Imprescindible.

  2. txitxito

    Es una reliquia de libro de un valor incalculable.

  3. Armando

    Dijo el escritor Juan Madrid que, en sus novelas, él sacaba a la pobre gente; es decir, a aquellos que en otro tipo de literatura representaban solo el papel de comparsas: putas, camareros, porteros de discoteca…

    Enric González hace algo parecido en “Historias del calcio”: habla también de la “pobre” gente del fútbol, como “Patapalo” Rivaldo, en franca “decadencia” por aquellos años, Ganz, un humilde jugador del Ancona, Lucarelli, el romántico delantero que quería jugar en el Livorno, etcétera. Dicho de otro modo: González humaniza el fútbol, cuyos glosadores, casi siempre vulgares, solo escriben para honrar al ganador, al más guapo, a quien más gana o a quien resulta más lenguaraz (verbigracia: Mourinho).

    En los textos de González no existe la manida oposición entre victoria y derrota, porque él va más allá. Los periodistas dedicados a esto escriben sobre el fuerte y se olvidan del débil, de quien pierde; González habla sobre todos, pero en especial sobre los segundos, y proclama en uno de sus textos que la victoria de los que pierden habitualmente es mejor.

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